La comprensión de Venezuela.

 LA COMPRENSIÓN DE VENEZUELA.

         ( Inconsciente colectivo). 



El inconsciente colectivo, concepto introducido por el psiquiatra Carl Jung, es la parte más profunda de la psique compartida por toda la humanidad, no adquirida individualmente. Funciona como una base de datos universal de memorias, instintos y arquetipos heredados que influyen en comportamientos y símbolos comunes a través de generaciones. 


Para Mariano Picón Salas escritor y académico venezolano, el inconsciente colectivo no es solo un concepto psicológico, sino una dimensión histórica, cultural y mítica que define la identidad venezolana e hispanoamericana. Se entiende como el conjunto de arquetipos, traumas, memorias compartidas y pasiones heredadas que moldean el comportamiento colectivo de la nación. 


 Basado en el análisis del sociólogo y filósofo venezolano Laureano Vallenilla Lanz, particularmente en su obra cumbre, “Cesarismo Democrático”, asevera que el inconsciente colectivo no se define únicamente como el concepto psicológico de Jung, sino más bien como una herencia histórica, social y psicológica que moldea la mentalidad de un pueblo.


Los referentes antes expuestos me llevan a pensar que tres siglos de cultura española y 216 años de República, dieron como resultado la conformación de un inconsciente colectivo modelado por tres arquetipos que hasta hoy hacen parte de nuestra estructura mental, ellas serían en orden cronológico: 1) El mito del dorado (español ),  2) El culto a Bolívar (venezolano), y el 3) El mito de Sísifo encarnado en Eudomar Santos.(Mestiza).


El mito del dorado, herencia española , representa para el venezolano la obsesión fatal y la maldición del dinero fácil, está leyenda antepone, como la falsa promesa de riqueza rápida deshumaniza al sujeto. Uno de los estereotipos más relevantes del venezolano es su perfil inmediatista y cortoplacista, lo que ha dificultado los valores centrados en la disciplina  del ahorro y el esfuerzo.


El culto a Bolívar se convirtió un fenómeno ideológico, social y político de Venezuela y Latinoamérica, iniciado tras la independencia para legitimar el Estado-nación, transformando al líder en un símbolo cuasi-religioso de unidad, libertad y poder, este "culto" ha evolucionado de la adoración popular, a una herramienta de manipulación política, como el culto a la personalidad.Es una práctica común en regímenes autoritarios o populistas para consolidar poder, legitimando al gobernante mediante la adulación acrítica. 


 Por último y más contemporáneo, el mito de Sísifo, una mezcla de culturas que yo resumiría como el de Eudomar Santos con su famosa frase “cómo vaya viniendo vamos viendo”, describe en sí, esa actitud improvisada que caracteriza el comportamiento del hombre light; superficial, hedonista y consumista, centrado en el éxito material, la comodidad y el placer inmediato.


Estos tres mitos representan el estereotipo emocional del común de los venezolano, un sincretismo de identidades y creencias que han dejado una huella perenne de serios complejos conductuales, y a su vez, una amalgama de arquetipos  que han dado paso a reflexiones de importantes personalidades de las letras, la ciencia y las humanidades, en cuanto a conductas desencadenantes de nuestro inconsciente colectivo.


Es difícil cuando se revisan los traumas y memorias de nuestra accidentada nación, anteponer un diagnóstico trascendente y optimista de nuestro destino, sin embargo no podemos dejar de lado a nuestro excelso y encomiable historiador Augusto Mijares quien nos recuerda en su libro “Lo Afirmativo Venezolano”, sobre las virtudes y probidad ética de connotados compatriotas, que representan la honra de nuestro estirpe  Republicano.


El mito es precisamente eso: sobre una realidad auténtica, una frondosa multiplicación

de significados, símbolos, aspiraciones y ritos, que son como invocación apasionada que el alma nacional dirige hacia el pasado y al mismo tiempo hacia el porvenir. Somos el producto de esos episodios traumáticos de nuestro pretérito, y somos el eco de lo que fuimos y dejamos de ser.


Erik Erikson, padre de la teoría del desarrollo psicosocial nos alertó de cómo la sociedad, la cultura y la historia influyen en el desarrollo del colectivo, cómo las generaciones se influyen mutuamente, lo cual actúa como un mecanismo de transmisión y modelaje de comportamientos, marcada por un conflicto central de necesidades psicológicas y sociales. La resolución exitosa de estas crisis que abarcan la búsqueda de identidad, generan un desarrollo saludable y virtuoso.


Por ende, se trata de discernir entre  cientos de personalidades ilustres, hombres y mujeres virtuosos, que lucharon por hacer posible un país de honradez, abnegación y decoro, para así lograr una sociedad de valores y principios significativos, y a su vez deslastrarnos de patrones pérfidos, vulgares,  viciosos  e intrigantes, que han sido utilizados a lo largo de la historia como medios políticos.


Atraemos lo que somos no lo que deseamos, nuestro inconsciente colectivo será en definitiva lo que la nación en general decida ser, debemos aprender desde el sufrimiento productivo, desde la aceptación superadora, necesitamos con urgencia un reprocesamiento en nuestro inconsciente colectivo para descongelar viejos traumas que hoy seguimos repitiendo , porque lo que no supera el inconsciente lo repite, se vuelve ciclo.


Si el inconsciente colectivo es la parte más profunda del psiquismo:  pasiones heredadas, traumas y comportamientos compartidos , tenemos dos opciones o patrones a  seguir; el primero es adoptar un comportamiento nihilista, corrupto, indolente, adulante y cobarde, lo segundo sería emular las virtudes fundamentales de aquellos padres fundadores de nuestra República: La honradez.


Nuestro inconsciente colectivo, herencia histórica de nuestros próceres olvidados, está constituido por hombres y mujeres como: Miranda, Roscio, Bello, Miguel Sáenz, Uztariz, López Méndez Vargas, Sucre, Simón Rodríguez,  padre Sojo, Fermín Toro, Gil Fortoul, Rafael Pocaterra, José.G. Hernández, Caballero Mejías, planchart , Vicente Sojo, Arnoldo Gabardon, pastor Oropeza, la negra Hipólita,Inés Mancebo de Mijares, Luisa Caseres, Juana Padrón de Montilla, Luisa Oriach de Monagas, Belén de Alcántara y tantos más.


En Venezuela la historia ha sufrido además otra estigmatización: la de considerar que sólo lo peor de la realidad universal es característico de la «realidad venezolana». Yo juzgo que en gran parte no somos culpables de esto, porque a esa visión envilecedora nos han llevado las amarguras, frustraciones y sentimientos heredados que se integraron en un verdadero complejo de autoacusación. Recordemos que atraemos lo que somos, no lo que deseamos.


Pero ¿no nos obliga esta misma razón a analizar este peligroso estado de la conciencia colectiva y combatirlo buscando en nuestra historia como nos aconseja Mijares la tradición de generosidad, altruismo y gallardía que es también parte de la realidad venezolana?.


Recordemos aquellos cómic donde el personaje en situación adversa tenía la aparición de un diablito y un angelito, recurso narrativo conocido como ángel del hombro, significa la lucha interna de un personaje al tomar una decisión importante, representando el conflicto entre su conciencia y sus tentaciones. La decisión finalmente la tomamos nosotros, el colectivo consciente y responsivo del impulso o el naufragio y  de nuestra nación.


R.S.

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